La creatividad es capacidad, proceso e industria. Es también un valor cultural, social y práctico. Nace de la cultura, se activa desde la educación, se articula a través de la investigación y alcanza su máxima expresión en la colaboración. KSIgune actúa como un nodo que traduce la creatividad en procesos colaborativos, conectando cultura, universidad, industria y sociedad.
- Artículo de Ruth Mayoral, Directora operativa de KSIgune.
Me he propuesto escribir unos párrafos aprovechando que el 21 de abril celebramos el Día Mundial de la Creatividad y la Innovación. Antes de comenzar esta tarea —casi un pequeño pecado un viernes a última hora de la tarde—, he decidido hacerlo empezando por el principio, lo cual constituye un ejercicio saludable que, en los ritmos de vida actuales, practicamos más bien poco. Y no se trata de acudir al origen en sentido estricto, sino de detenerse en el propio enunciado: en el “Día de la Creatividad y la Innovación”, el punto de partida es, sencillamente, ese “Día de”.
Según Google, mientras escribo esto —17 de abril de 2026, viernes por la tarde, muy tarde—, se celebran el Día Mundial de la Hemofilia, el Día Internacional de la Lucha Campesina y el Día de la Apreciación de los Murciélagos. Sí, también he escrito “Murciélagos” con mayúscula inicial; no se merecen menos. Las efemérides pueblan nuestro calendario, y no sin motivo. Resulta importante reconocer aquello que consideramos valioso —aunque confieso que lo de los murciélagos puede parecer algo cogido con pinzas—. En cualquier caso, estos “días excusa” cumplen una función relevante: visibilizar, poner en valor e incluso activar iniciativas en torno a lo que se celebra.
Tengo la impresión, sin embargo, de que con estas conmemoraciones sucede algo similar a lo que ocurre con la propia idea de creatividad. Cuando vemos creatividad hasta en echar azúcar a las lentejas, el concepto se desvaloriza y corre el riesgo de volverse irrelevante. No cualquier gesto diferente representa creatividad, del mismo modo que no toda novedad implica innovación. Para que la creatividad se dé, tiene que existir un sentido, más allá del propio o individual. De lo contrario, el trabajo creativo se banaliza y, por lo tanto, resulta prescindible. Tengo algunas ideas sobre lo que yo considero Creatividad. No solo, pero primero que todo, y como dice un gran amigo mío: “Creatividad es mirar de una manera diferente las cosas de siempre”.
De la capacidad, al proceso y el valor añadido
Desgranando el statement, la creatividad es una capacidad. Es una capacidad porque implica pensamiento lateral -que no responde directamente a lo relativamente lógico-, requiere de imaginación, necesita de un ejercicio de reinterpretación y de sensibilidad. En esto, la cultura como sustrato simbólico tiene un impacto determinante y, por supuesto, la educación como herramienta de socialización tiene la mayor competencia fomentando esta capacidad.
La creatividad es también un proceso. Un proceso que abarca distintas fases, desde la generación de la idea hasta la obtención de un resultado. Este resultado debe tener valor, ser transformador (innovador) y será diferente según el tipo de conocimientos que domina una persona. Pensemos en lo maravilloso de que esta persona disponga de las condiciones adecuadas para investigar e, incluso, pidiendo más peras al olmo, que tenga la oportunidad de investigar colaborando con otras personas que tienen conocimientos diferentes a los suyos. Los resultados serán potencialmente mejores, más transformadores, contribuirán más y mejor.
Si trasladamos este razonamiento del plano individual al colectivo, podemos sustituir la noción de “persona” por la de “industria”. El resultado creativo de una industria dependerá de los conocimientos que integra, pero también de su capacidad para interactuar con otros sectores. Pensemos en lo maravilloso de que esta industria disponga de las condiciones adecuadas para investigar e, incluso, que tenga la oportunidad de investigar colaborando con otras industrias que tienen conocimientos diferentes a los suyos. Los resultados serán potencialmente mejores, más transformadores, contribuirán más y mejor.
Desde la perspectiva de la política pública, la creatividad se ha vinculado especialmente a las denominadas industrias culturales y creativas, que traducen la creatividad en valor económico, social y organizativo. En el caso de Euskadi, estas industrias conforman un mosaico diverso que incluye ámbitos como el libro y la prensa, las industrias de la lengua, las artes escénicas, el audiovisual o el diseño, entre otros. Decido pensar que la catalogación como industria del conjunto de estos sectores tan diversos es una forma de reconocer que importan y que se valoran como detonante de innovación cuando la creatividad se aplica.
La creatividad es, además, un valor cultural, social y práctico. Ya nos hemos acostumbrado a escuchar que el Arte no es sin creatividad, pero tampoco lo es la Ciencia. Y, sin embargo, en la práctica, la creatividad se malentiende a menudo de manera muy ligada en exclusiva al Arte y esta es una cuestión que necesita ser superada para atender con rigurosidad al pensamiento y al proceso creativo. Al mismo tiempo que el Arte es la expresión libre de la creatividad, la creatividad trasciende ese ámbito para estar presente en cualquier disciplina, industria o área de conocimiento. A partir de la creatividad, podemos generar nuevos lenguajes y formas de expresión -valor cultural-, contribuir a afrontar retos colectivos desde nuevas metodologías, miradas, formas de participar conectando saberes -valor social- e introducir enfoques distintos mejorando productos, servicios, procesos -valor práctico.
Dialogar y conectar disciplinas
En Euskadi, donde la innovación está en el corazón de la política científica y tecnológica, se ha ido ensanchando el concepto y reconociendo que las industrias culturales y creativas no son un complemento estético, sino un vector estratégico. No solo generan actividad económica, también aportan nuevos abordajes a los retos sociales a los que nos enfrentamos, crean nuevos lenguajes y conectan disciplinas que no dialogan de manera natural.
En este contexto, adquieren especial relevancia los ecosistemas que no crean únicamente desde un ámbito específico, sino que generan las condiciones para que otros creen, investiguen y colaboren. Se trata de espacios que conciben la creatividad no como un resultado aislado, sino como una capacidad que se activa cuando se conectan saberes, lenguajes y disciplinas distintas. Euskampus, como proyecto estratégico del sistema universitario vasco, representa ese enfoque desde el ámbito de la ciencia, el conocimiento avanzado y la investigación. Además, se ha “mojado” explícitamente con la cultura, reconociéndola como aliada imprescindible para abordar retos complejos desde miradas más transversales y significativas. En esa apuesta, se inscribe el impulso de Euskampus a KSIgune, concebido como el espacio desde el que articular el potencial de las industrias culturales y creativas dentro del ecosistema de innovación.
KSIgune actúa, así, como un nodo que traduce la creatividad en procesos colaborativos, conectando cultura, universidad, industria y sociedad. Su función no consiste tanto en producir directamente como en activar capacidades, facilitar encuentros improbables y generar condiciones para que otros creen. Cuando la creatividad se sitúa en la intersección entre ciencia, cultura e industria, su potencial transformador se multiplica.
Conviene recordar, además, que apoyar la creatividad exige, a su vez, creatividad. Facilitar procesos, conectar saberes y sostener colaboraciones complejas implica una labor específica, a menudo invisible, basada en la mediación y el acompañamiento. Reconocer la creatividad como bien común implica también visibilizar a quienes hacen posible que otros creen.
El contexto actual exige afrontar problemas de elevada complejidad. En este escenario, resulta necesario situar la creatividad en el centro de las estrategias públicas y educativas, no como un elemento inspirador accesorio, sino como una competencia estructural para pensar, conectar y construir respuestas colectivas.
La creatividad es capacidad, proceso e industria. Es también un valor cultural, social y práctico. Nace de la cultura, se activa desde la educación, se articula a través de la investigación y alcanza su máxima expresión en la colaboración.
Es, por todo esto, necesario tratar la creatividad con rigor y cuidarla como un bien común.
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