Share

El último Informe PISA y sus resultados nos llevan necesariamente a preguntarnos sobre qué tipo de aprendizajes queremos priorizar de aquí en adelante. Quizá la cuestión no sea únicamente qué sabemos, sino cómo pensamos. Y ahí la creatividad deja de ser un complemento para convertirse en una competencia estratégica.

- Artículo de Ruth Mayoral, Directora operativa de KSIgune

Los resultados del último informe PISA muestran que nuestro sistema educativo no está alcanzando los niveles de excelencia a los que aspira una sociedad avanzada, innovadora y basada en el conocimiento -dicho de una manera suave-. Al mismo tiempo, evidencian que seguimos manteniendo fortalezas importantes en términos de equidad y cohesión educativa. Nos pegamos el gran batacazo en matemáticas y comprensión lectora, pero mantenemos una cohesión social notable y una reducción de las desigualdades que otros territorios no logran sostener. Es la foto de un sistema estancado que, pese a todo, conserva fundamentos sólidos sobre los que construir. Visto el contexto global, poder hablar de un sistema integrador no es moco de pavo.

Hace pocos días tuve la oportunidad de hablar sobre ello en una conversación radiofónica que compartí con Juan Pastor, presidente de Asocrea. En ella coincidíamos en la necesidad de plantearse los (malos malísimos) resultados de PISA como una pregunta abierta sobre qué tipo de aprendizajes queremos priorizar de aquí en adelante. Esa conversación es, en buena medida, el origen de esta reflexión. Quizá la cuestión no sea únicamente qué sabemos, sino cómo pensamos. Y ahí la creatividad deja de ser un complemento para convertirse en una competencia estratégica.

Hoy cualquier/a estudiante -cualquier ser humano, en realidad- tiene la posibilidad de obtener en segundos información que hace diez años requería horas de búsqueda. Las formas de aprender han cambiado de manera radical; lo que debemos preguntarnos es si las formas de enseñar han evolucionado al mismo ritmo. Durante décadas, la educación ha estado orientada fundamentalmente a la transmisión de conocimientos. Pero cuando el conocimiento está permanentemente disponible, el verdadero valor ya no reside únicamente en acceder a la información, sino en comprenderla, interpretarla, cuestionarla, conectarla, aplicarla, transformarla. Precisamente esas son algunas de las capacidades que evalúa PISA cuando analiza la comprensión lectora, el razonamiento matemático o las competencias científicas.

No nos llevemos a engaño cargando tintas contra quienes estudian. La posibilidad de atontamiento es generalizada. Todas, no solo las y los estudiantes, somos susceptibles de involucionar. Existe el riesgo real de que deleguemos procesos cognitivos en herramientas de IA, de que escribamos menos, razonemos menos o reflexionemos menos. Pero conviene recordar que los desafíos que muestra PISA ya venían asomando patita con anterioridad a la expansión de la inteligencia artificial generativa: las dificultades en comprensión lectora, pensamiento crítico o excelencia académica vienen reflejándose desde hace años en numerosos sistemas educativos internacionales. La cuestión de fondo no es prohibir o temer la IA. Considerando los intereses que hay detrás, lo primero es imposible, y seguramente generaría un debate constitucional, para muestra un botón, ahí tenemos la prohibición de las redes sociales a menores de 15 años en Francia. Y lo segundo -temer la IA- en fin… legítimo, inevitable en algunas circunstancias, pero poco eficiente.

Lo que queda entonces es aprender a pensar mejor con la IA. Cuando las respuestas son accesibles para todo el mundo, lo diferencial ya no es la respuesta, sino lo que preguntamos. Y generar buenas preguntas exige identificar problemas relevantes, conectar conocimientos de ámbitos distintos, construir soluciones no evidentes, interpretar contextos: procesos que apuntan, todos ellos, a la creatividad como capacidad. Es como pensar, pero sabiendo pensar.

Existe todavía una cierta tendencia a considerar la creatividad como algo secundario, vinculado exclusivamente al ámbito artístico o cultural. Pero si observamos con detenimiento qué es lo que PISA mide en el fondo (aplicar conocimiento a problemas reales, razonar y resolver situaciones complejas, comprender e interpretar información, utilizar el pensamiento científico y matemático), lo que aparece detrás de todas esas competencias es, para sorpresa de nadie, la creatividad. La propia OCDE subraya que la creatividad es una de las competencias estratégicas del escenario presente, e insiste en la necesidad de integrarla como competencia transversal, al mismo nivel que la lectura, las matemáticas o la ciencia, y no como un añadido opcional al currículo.

En España, entidades como Asocrea se han hecho eco de esta misma prioridad, defendiendo que la creatividad debe entenderse como una infraestructura para la innovación y no como un complemento estético, reclamando que su desarrollo se incorpore de forma sistemática a las políticas educativas y culturales.

Los propios sistemas que lideran PISA lo demuestran. Finlandia o Singapur integran la creatividad como una forma de aprender que atraviesa todo el sistema: aprendizaje basado en retos, interdisciplinariedad, artes presentes en el currículo, pensamiento crítico y de diseño, competencias socioemocionales, resolución de problemas reales. Lo que estas metodologías persiguen no es únicamente enseñar contenidos, sino desarrollar capacidades. Para ello, nuestro cuerpo docente necesita apoyo y herramientas y, además de ello, debemos abrir la conversación más allá de las instituciones educativas, pues -citando a mi colega Juan Pastor- la responsabilidad no puede recaer solo en ellas.

Lejos de interpretar los resultados de PISA únicamente como una señal de alarma, Euskadi tiene la oportunidad de convertirlos en un punto de inflexión. Disponemos de universidades reconocidas, centros tecnológicos de referencia, un ecosistema innovador consolidado y una apuesta creciente por la digitalización y la inteligencia artificial. Pero existe otro activo diferencial que con frecuencia queda fuera de este debate: nuestro cine, la música, el videojuego, la lengua propia en la que nos comunicamos y el diseño del aula donde niñas/os y jóvenes pasan un mínimo de siete horas al día.

Todos estos elementos son parte de nuestras industrias culturales y creativas (1), desde el sector Audiovisual hasta la Arquitectura, pasando por el Libro o las Artes escénicas: espacios donde se desarrollan la imaginación, la interpretación, la comunicación, la experimentación y la capacidad de generar significado, trabajando constantemente con la narrativa, el diseño, los lenguajes audiovisuales y las nuevas formas de interacción con la sociedad. Muchas de esas capacidades son las que empiezan a adquirir un valor extraordinario en la era de la inteligencia artificial.

Buena parte del trabajo de KSIgune ha ido precisamente en esa dirección: demostrar que la creatividad no es solo un sector económico, sino también un espacio de desarrollo de competencias específicas -el propio pensamiento creativo entre ellas- que hoy son centrales para cualquier estrategia educativa en la medida en que son herramienta de ciudadanía. La pregunta ya no es cuánto sabemos, sino qué preguntas somos capaces de hacernos. Esa es, creo yo, la asignatura pendiente. Y para eso Euskadi dispone de las instituciones, las universidades, los sectores, los espacios de innovación necesarios para contribuir juntos a diseñar nuevas formas de aprendizaje.

Y nos hace mucha falta leer. Eso por descontado…

---

Imagen: © KSIgune/Konexioak_Topa/2025

---

Referencias:

(1) Sectores culturales: Artes escénicas, Artes visuales, Libro y Prensa, Patrimonio cultural, Audiovisual y multimedia, Música / Sectores creativos: Publicidad, Arquitectura, Artesanía, Videojuegos, Gastronomía creativa, Diseño, Moda, Industrias de la Lengua

---

Bilbliografía:

Gelmez Burakgazi, S. y Reiss, M. J. (2025). Exploring creative thinking skills in PISA: an ecological perspective on high-performing countries. Frontiers in Psychology, 16: 1554654. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2025.1554654

OECD (2025). Seven Questions about Creativity and Creative Thinking: What Do PISA 2022 Data Tell Us? OECD Publishing, París. https://doi.org/10.1787/0aa52128-en
https://www.oecd.org/en/publications/seven-questions-about-creativity-and-creative-thinking_0aa52128-en.html

OECD (2022). Thinking Outside the Box: The PISA 2022 Creative Thinking Assessment. OECD Publishing, París.
https://issuu.com/oecd.publishing/docs/thinking-outside-the-box

OECD (2024). New PISA results on Creative Thinking: can students think outside the box? PISA in Focus, n.º 125. OECD Publishing, París. (Traducción al español: Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes / INEE, 2024, Nuevos resultados de PISA sobre pensamiento creativo: ¿pueden los estudiantes pensar con originalidad?) https://www.libreria.educacion.gob.es/ebook/185432/free_download/

KSIgune, clúster vasco de Educación Superior e Investigación para las industrias culturales y creativas:
https://www.ksigune.eus/es

Current issues related news

  • Konexioak_proiektuak_HASZTAPENAK

    Celebrating Real Creativity

    ksiGune

    Creativity is a skill, a process and an industry. It is also a cultural, social and practical value. It stems from culture, is fostered through education, is shaped by research and finds its fullest…

  • Wearable Senses Lab

    Culture and Science: the driving force behind Basque innovation

    ksiGune

    When talking about innovation, the conversation often revolves around technology, patents and industrial competitiveness. However, there is one piece that remains in the shadows: Culture. Not only…

  • Konexioak_Topa

    Tailor-made innovation for the arts, culture and creativity

    ksiGune

    In 2025, KSIgune promoted a boot camp, two training and research calls, and a sectoral meeting, supporting 10 new collaboration initiatives to bring innovation to businesses and make an impact on the…